Ensayo: ¿Es la Cibercultura una cultura para todos?
Pocas veces, cuando pensamos en un agente nuevo que viene y se introduce en nuestro mundo, analizamos cuál será el impacto que generará a nivel social. Por el contrario, pensamos cuánto dinero generará, qué planeará hacer el gobierno norteamericano con éste, qué podremos hacer como profesionales, estudiantes, civiles o simplemente pobladores de la tierra respecto a él. De repente me senté a pensar y me pregunté (como anteriormente cito poco lo hago) lo siguiente: claro, gran auge de la Cibercultura, qué bonito, cuán informativo y facilitador, qué agradable tener acceso a tantas cosas con unos cuantos clicks, pero, y ¿qué está pasando con la gente?
¿Qué piensa una mujer en Afghanistán de la Cibercultura? ¿Sabe que existe una cultura tal? ¿Desea ser parte de ella? ¿Sabe un
Ammish o siquiera le interesa esa revolución que está ocurriendo en ese mundo alejado de él compuesto de seres de su misma especie? Entonces, ¿Realmente se ha generado este masivo movimiento pensando todos los seres humanos? ¿Es la Cibercultura sólo un movimiento o se ha convertido en una nueva forma de pensamiento y podrá llegar a ser un modus vivendi y hasta una filosofía de vida? Afirmamos que el mundo se ha introducido en esta gran Cibercultura, pero, me atrevería a decir que ninguno de nosotros se ha puesto a pensar en la veracidad de esta afirmación. "Los indicadores tradicionales observan a los ciudadanos como sujetos a una identidad subjetiva y colectiva, desarticulan la participación en la esfera pública para reducir a las personas en consumidoras de tecnología"
(1). Encuentro, por lo tanto, de vital importancia, analizar el gran impacto social que este nuevo personaje que se introduce al mundo del que todos somos parte, genera y por su naturaleza deberá seguir generando.
"Se precisa, como hipótesis, que la tecnología de la información y comunicación genera un nuevo espacio social, en el que se pueden desarrollar diversas actividades humanas, y que es necesario construir escenarios específicos para estas actividades, así como impulsar a los ciudadanos a ser activos en estos escenarios" (1). Como aquí lo plantea Felipe Londoño, se está generando una nueva comunidad: la de los empapados de Cibercultura. Una comunidad que al igual que casi todas, sino todas las sociedades modernas, está jerarquizada: los que saben mucho, los que saben poco, los que tienen el poder y controlan, los que buscan ser entes de control y de autoridad y los que más importante: los que pueden acceder a ella y los que no. En fin, todos volvemos a meternos en una sociedad con los mismos esquemas que antojaran parecer ser un patrón humano intrínseco.
Estamos además, en un mundo donde a la gran sociedad mundial la dividimos y subdividimos constantemente en diferentes sub-culturas, ya sea por la música que nos gusta, por los sitios a los que asistimos, por las actividades que realizamos. La cuestión es que todas estas nuevas subculturas comparten el mismo escenario con culturas milenarias, culturas ideológicas que han permanecido en la humanidad por años y que son hoy en día un gran problema mundial sino las gestoras de las guerras actuales (2).
Sin negarlo, la Cibercultura ha demostrado traer consigo innovaciones que aparte de divertirnos, informarnos y servirnos, hacen nuestra vida más fácil. Según datos aproximados, en China 1 de cada tres personas tienen acceso a Internet(3).En nuestro país este índice es muchísimo más desalentador. ¿Cómo hacer, entonces, a todos los ciudadanos del mundo activos en esta comunidad, cuando, en contraposición nos encontramos con factores sociales que afectan cada sociedad de manera distinta?. Dichos factores a citar son la pobreza, la falta de educación, la brecha al acceso de tecnología, entre otros. Hablamos entonces de una teoría idealista donde todo en palabras suena bonito pero llevado a la realidad es difícilmente realizable. Este tema está evidentemente íntimamente ligado a la Globalización. En teoría, todos los Estados queremos tener un sòlo comercio, de repente, una política unánime y la idea es que todos seamos altamente competitivos en igualdad de condiciones. Sólo que, entre el abanico de obstáculos que ésta problemática presenta, encontramos dos grandes coyunturas: Primero, ¿Cómo podríamos enfrentar las economías de países africanos como Somalia, con la de un país de gran avanzada como Inglaterra? Y, ¿Cómo queremos crear una gran unanimidad en casi todo aspecto en un mundo que siempre se nos ha presentado como un popurrí de culturas, ideologías y condiciones?
Es necesario que se imponga en el mundo un sistema que sea realmente democrático, una cultura que sea mundial, que toda la humanidad se pueda identificar con ella y sacar el máximo provecho, donde no estén unos y se discrimine a otros. Los Estados y las comunidades deben velar porque todos seamos partícipes, todos podamos aprender, explorar e interactuar. Todos podamos contar sino con la misma tecnología, al menos con el mismo acceso. Un acceso donde las diferencias culturales y sociales no tengan influencia.
Es importante entonces, no sólo como participantes de dicha Cibercultura, si es que así lo consideramos, sino también como pobladores de la tierra que pensemos en maneras de buscar que esta Cibercultura abra puertas, nos integre a todos, que no sea una cultura que de nuevo divida, estigmatice y jegarquice. Que desde nuestra visión de futuros profesionales en el diseño procuremos hacer parte de un movimiento que integre, que una y que no cree más diferencias, más “culturalidad segmentada”. Donde integremos a ricos y pobres, a niños y ancianos, donde creemos un movimiento de todos y para todos.